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Una persona joven con una expresión seria se acerca a la mano extendida de un adulto sobre un fondo oscuro y melancólico, transmitiendo confianza y conexión, simbolizando cómo pedir ayuda no se trata de incapacidad sino de buscar apoyo después de luchar solo con limitaciones persistentes en la vida, lo que refleja un enfoque basado en ACT.

3 min de lectura

Pedir ayuda no es fracasar

Redactado el 14 de enero de 2026 a las 17:24

El mito de la autosuficiencia

En muchos contextos se nos ha enseñado que poder con todo es una virtud. Que aguantar, adaptarse y seguir funcionando es sinónimo de fortaleza. Desde ahí, pedir ayuda aparece como un recurso extremo, reservado para cuando ya no queda otra opción.

Desde una mirada contextual, este planteamiento es engañoso. No porque sea falso, sino porque ignora el coste funcional de sostener el malestar en soledad durante demasiado tiempo.

Cuando el problema no es el malestar, sino la lucha con él

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), uno de los procesos centrales del sufrimiento humano es la evitación experiencial: el esfuerzo constante por no sentir, no pensar o no contactar con experiencias internas desagradables.

Cuando gran parte de la energía se invierte en controlar el malestar, algo empieza a ocurrir:

  • Se reducen las opciones de acción
  • Se posponen decisiones importantes
  • La vida se estrecha

No porque la persona no sea capaz, sino porque la lucha con el malestar acaba dirigiendo su comportamiento.

La flexibilidad psicológica no se construye en aislamiento

La evidencia en ACT muestra que el cambio psicológico no depende solo de la voluntad individual, sino de contextos que facilitan nuevas formas de relacionarse con la experiencia interna (Hayes et al.).

Desde este enfoque, el acompañamiento profesional no se entiende como dependencia, sino como un contexto relacional diseñado para aumentar la flexibilidad psicológica:

  • Ampliar perspectiva
  • Contactar con valores
  • Disminuir la evitación
  • Favorecer acción comprometida

Ir a terapia no es delegar la vida en tu terapeuta

Una de las resistencias más frecuentes a pedir ayuda es el miedo a perder autonomía. Sin embargo, desde una mirada contextual, ocurre justo lo contrario: el acompañamiento eficaz devuelve capacidad de elección cuando esta ha quedado atrapada por el miedo o la confusión.

Como plantea Maero, el cambio no se produce porque alguien te diga qué hacer, sino porque se crean las condiciones para que vuelvas a moverte en dirección a lo que es valioso para ti, incluso en presencia de malestar.

Cuando la terapia tiene sentido (Sin criterios clínicos)

Ir a terapia puede ser una decisión valiosa cuando:

  • El malestar no desaparece, pero sí dirige tu vida
  • La evitación empieza a marcar decisiones
  • Hay desconexión con tus valores importantes
  • Se sabe “lo que no se quiere”, pero no se logra avanzar

Por ello, para ir a terapia no hace falta tocar fondo y esperar a que tu vida se vuelva un lugar difícil de habitar.

En definitiva

Desde ACT, pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino una forma de interrumpir la lucha infructuosa con el malestar y crear condiciones para una vida más amplia y coherente con los propios valores.

Acompañarse no es rendirse.

Es elegir no seguir recorriendo un camino que ya no te acerca a la vida que quieres vivir.

Referencias

  • Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.
  • Luciano, C., & Valdivia, M. (2012). Terapia de aceptación y compromiso (ACT). Editorial Síntesis.
  • Maero, F. (2017). Terapia de aceptación y compromiso aplicada al contexto clínico. Editorial Akadia.