Volver a blogs
Una figura solitaria se encuentra en un puente de piedra arqueado entre acantilados rocosos y frondosos árboles, simbolizando la tranquilidad, la soledad y el desafío de dar el primer paso en un proceso de cambio personal, reflejando la dificultad de iniciar la transformación.

3 min de lectura

Avanzar, aunque dé miedo

Redactado el 20 de enero de 2025 a las 10:50

El miedo no es el problema (aunque lo parezca)

Cuando algo importa de verdad, el miedo aparece. No como un fallo, sino como una reacción natural ante lo desconocido. El problema empieza cuando el miedo deja de ser una experiencia y se convierte en el criterio para decidir.

En ese punto, la pregunta ya no es qué quieres hacer con tu vida, sino si te sientes lo suficientemente segura como para hacerlo. Y esa espera (tan lógica y comprensible), suele convertirse en una forma silenciosa de bloqueo.

La trampa de “Cuando esté preparad@”

Quizá te suene este patrón: pensar un poco más, entenderlo mejor, ganar claridad, esperar el momento adecuado.

Todo eso puede aliviar a corto plazo. Darte sensación de control. Pero si la condición para avanzar es sentirte tranquila, segura o convencida al 100%, el movimiento se pospone indefinidamente.

No porque falte capacidad, sino porque el miedo nunca termina de irse del todo cuando estamos ante algo que importa.

Insistir en eliminar el malestar antes de actuar es una de las trampas más sofisticadas del miedo.

Lo que solemos confundir

Avanzar no es hacerlo sin miedo.

Avanzar no es tenerlo claro.

Avanzar no es estar preparada.

Avanzar es decidir qué lugar ocupa el miedo frente a aquello que quieres cuidar, construir o cambiar. Es dejar de tratar esa sensación como una señal de stop permanente y empezar a verla como parte del precio de vivir con dirección.

Desde un enfoque contextual, el malestar no es un error del proceso: es parte del proceso.

Cuando el miedo deja de mandar

Esto no va de forzarte ni de exponerte sin criterio, sino de algo más fino: de no seguir organizando tu vida en función de lo que intentas evitar sentir.

Porque cada vez que esperas a no tener miedo, algo se va estrechando: decisiones que no tomas, conversaciones que aplazas, cambios que sabes que necesitas… pero que sigues posponiendo.

Y no es que no quieras avanzar…

Es que nadie te enseñó que se puede avanzar así.

Cambiar la pregunta

A veces el giro no está en cómo dejar de sentir miedo, sino en atreverte a preguntarle al espejo:

  • ¿Qué estoy dejando de hacer por evitar esta sensación?
  • ¿Qué dirección tiene mi vida cuando el miedo decide por mí?
  • ¿Qué pequeño paso sería coherente con lo que es importante, incluso ahora?

No hablamos de grandes gestos. Hablamos de movimientos posibles. De pasos que no eliminan el miedo, pero sí devuelven la sensación de estar eligiendo.

En definitiva

Avanzar no suele ser la consecuencia de sentirse mejor. Suele ser el proceso a través del cual empezamos a vivir de forma más alineada con lo que importa, incluso cuando el miedo sigue ahí.

Por ello, quizá la cuestión no se trate de esperar a que llegue el momento perfecto, sino de permitirnos avanzar con él, cuando lo que está en juego es una decisión que hace de nuestra vida un lugar más valioso.