



































































































Desde pequeña fui una niña creativa, sensible y observadora, inclinada a preguntarme el porqué de todo lo que sucedía a mi alrededor.
Crecer en un contexto familiar complejo transformó esa curiosidad innata sobre el funcionamiento de las cosas en un interés genuino por el comportamiento humano. No sólo por comprender el caos que me rodeaba, sino por aprender a construir una vida distinta a la que, a veces, heredamos.
“I draw to keep myself alive”, transmitía Louise Bourgeois en su trabajo; y justo por ese mismo motivo dibujo y escribo desde que tengo uso de razón: no sólo para divertirme, sino también para conocerme y regularme. Descubrir que la terapia también ofrecía un espacio donde transformar lo incómodo en algo valioso me llevó a iniciar mi propio proceso terapéutico, convirtiéndose así en mi camino para dar sentido a lo vivido y aprender a gestionar lo que antes me desbordaba.
A lo largo de este viaje personal aprendí el valor de la creatividad para abrir nuevos caminos, de la presencia para habitar la experiencia y de la capacidad de responder con mayor conciencia a aquello que no siempre podemos cambiar. Porque la resiliencia no es sólo resistir, sino elegir acciones valiosas incluso en presencia del dolor. Desde ahí, convertirme en la mujer que soy (y no en la que mi contexto me empujaba a ser) fue, y sigue siendo el proyecto más importante de mi vida.
Mi historia me enseñó que el cambio es posible y que la terapia es una poderosa aliada para lograrlo. Así que, como consecuencia de mi historia, hoy me dedico a acompañar no sólo a quienes buscan aprender a responder distinto ante la dificultad, sino también a quienes desean construir una vida con sentido y autenticidad.



































































































